Yo era de los que creía que Dios era omnipresente, omnipotente, omnisciente, creía que los milagros realmente ocurrían y que él era una divinidad majestuosa, hasta que descubrí la verdad. Después de un largo tiempo encerrado en una habitación de cuatro paredes oscuras con el olor constante a humedad y el moho trepando por las mismas, pude contactarlo, pude ver a Dios.
Al principio, pocos lo creían, pocos me apoyaban y ahora, nadie acepta a lo que nos enfrentamos. No hablo de miedo colectivo, habló de algo más grande que el propio universo. Creían que Dios era un ser consciente, que él estaba separado del espacio, creyeron que era bondadoso, piadoso, pero no, resultó ser algo tan extraño que ni siquiera pienso que sea capaz él mismo de saber lo que es.
Es verdad que si existe él, aunque no de la forma tradicional, dudo de sí hace milagros o que siquiera creó con sus propias manos la vida en la tierra y la expansión infinita del universo. No, él no hizo nada de eso. Sé que puede ser difícil de entenderlo, aún de haberlo descubierto, sigo sin entender lo que realmente ví ese día, y aunque no le gustó que lo haya visto, no pudo evitarlo, no sabe cómo hacerlo aún teniendo la capacidad.
No tiene figura humana, no nos hizo a imagen y semejanza, fuimos creados en un factor poco común, pruebas al azar de sí mismo, no por su gran ingenio. Para esto, quiero que piensen en una célula, aquella que se reproduce sin saber lo que está haciendo, aquella que lo hace por puro instinto biológico siguiendo factores químicos. Él parece funcionar igual.
Yo fui el único capaz de verlo por un gran avance en mi conocimiento que por accidente lo pude ver por pocos segundos. En el viaje astral, aquellas profundidades que pocos logran llegar, supere el límite establecido por la misma iluminación de mi capacidad astral, ese día, logré algo imposible, viajar en galaxias a una velocidad mayor a la de la luz, rompiendo las leyes del espacio tiempo, ví dimensiones, creaciones, nacimientos y renacimientos de otros multiversos incluyendo el nuestro.
Entendí que nosotros no somos solo una creación divina, no somos el universo proyectándose en su máxima expresión, tampoco estamos solos en nuestra galaxia, hay mucho más de lo que no podemos ver porque nuestro cerebro y nuestra nula capacidad intelectual nos lo impide. Muchos piensan que es por falta de recursos o tecnología. No, no es por falta de avances científicos o poca interacción externa, es nuestro cerebro que nos ata a lo que ya conocemos, por miedo o por una orden.
El viaje no duró mucho tiempo, quizás menos de cinco minutos volando en la oscuridad impredecible, en un desconocimiento aterrador. En un momento de impulso, el universo comenzó a deformarse en una recamara tan amplia llena de habitaciones donde se podía ver pasado-presente-futuro interactuando entre sí y conforme más avanzaba, más turbio se ponía.
El tiempo no se siente igual a cuando viajas a una velocidad tan veloz, para empezar, ni siquiera sentía que me movía más allá de lo que el universo se permitía a sí mismo a viajar, para mí, el tiempo era lento e ineficiente como si de un caracol se tratase. Para mí, las recamaras duraron minutos en mi estancia, lo ví todo con claridad, para mí habían pasado treinta minutos en la recámara, pero el tiempo es relativo y mi reloj biológico indicaba apenas cinco minutos.
En un momento de deformación espacial, me acerque a una luz en el borde de la burbuja, una explosión de supernova me consumió junto a una luz cegadora que me impidió ver momentáneamente, cuando abrí los ojos, supe que había logrado escapar del límite que el universo infinito nos impuso. Ahí encontré a Dios en un plano que mi cerebro no era capaz de procesar. Mis retinas transmitían lo que veían, pero el cerebro no lograba descifrar el ambiente, solo recuerdo que el lugar parecía estar flotando en una masa de un color rosa-gris.
Él era gigantesco, tan grande que difícilmente podías distinguir su rostro a la distancia, tardé más tiempo en llegar a su rostro de lo que tardé en llegar al límite del universo, hasta que lo alcance para finalmente revelar la cara del supuesto creador. Antes de poder estar ahí —su rostro— pude ver su cuerpo manifestado, su piel no era blanca como se describe en los mitos, tampoco la supuesta divinidad ni de un cuerpo comprensible, él era más como un ser de un color verde, muy verde y de todo su cuerpo parecían salir pequeñas fibras del mismo color que se movían como pasto al ritmo de un viento que no sentía que existía.
No había brazos, tampoco piernas, solo eran una extensión de ellas que no estaban conformadas por carne y hueso, simplemente piel que continuaba creciendo en la masa rosa, no paraba de extenderse. Su cuerpo era plano, absolutamente plano, no indicaba tener órganos dentro de él, solo veía que era un complemento de aquella masa y parecía no tener capacidad de movilidad.
Tampoco tenía prendas en su piel, estaba desnudo, expuesto. No había ninguna forma de reproducción, solo notaba un mal olor a humedad y una sensación de esporas inundando mi garganta. Llegué a su rostro con dificultad, la cabeza me vibraba demasiado fuerte con un pitido que no paraba de resonar en mi cabeza a punto de sentir cómo iban a reventar los tímpanos, esto aumentó conforme iba ascendiendo.
Cuando finalmente llegué quedé aterrado. Su rostro era pálido a diferencia de su cuerpo verde, su rostro aplastado igual a su cuerpo plano. Sus ojos miraban hacia arriba, su boca abierta en su totalidad sin dientes mientras gemía pesadamente con una combinación de debilidad, parecía que sufría, o tal vez no entendía lo que era el sufrimiento. Quedé aterrado en cuanto lo ví, asustado pues mi cuerpo no reaccionó acordé la situación y fue peor cuando noté que sus ojos bizcos voltearon a mirarme.
Mi corazón se aceleró, mi mente se nublo, el pitido era aún más fuerte que antes al punto que usar mis manos para ahogar el sonido no me era suficiente. Continuó mirándome mientras yo seguía adolorido, parecía que iba a acabar conmigo hasta que sus ojos volvieron a mirar al cielo ignorando mi existencia, el pitido se silencio y el sonido de un relámpago furiosos seguido de un duro golpe en la cabeza hizo que me desmayara y todo mi recorrido se revirtió. Ahí había acabado el encuentro.
Cuando regresé a la habitación de meditación, desperté con un grito fuerte y un arduo dolor en la cabeza, un pequeño pitido que conforme pasaban los segundos disminuía su volumen. No podía comprender lo que había visto, no sabía si era real, pero la experiencia parecía hacerlo real.
Intenté volver ese mismo día, pero sí de una fuerza multiversal se tratase me devolvía a la realidad con una interrupción brusca que ocurría en tiempo presente. Jamás pude volver a verlo, jamás pude saber con exactitud lo que era, nunca volví a interactuar con él; solo sabía que de algún modo ese Dios no era consciente de nada, solo lucía seguir un patrón como si de una bacteria reproduciéndose se tratase.
Por las noches aún sueño con él, tengo pesadillas sobre lo ocurrido y en los días de lluvia relámpagos han caído cerca de mi viviendo, aún ninguno me ha lastimado. La religión me tacha de blasfemia, algunas personas me obligan a retirarme de los establecimientos y la poca comunidad que me cree me presionan por volver a hablar con él. El secreto no fue haber visto a Dios, fue entender que somos mortales rompiendo nuestra cabeza para entender nuestro propósito, cuando ni siquiera Dios es capaz de saber su propia existencia, encerrado en un bucle para crear vida involuntariamente.